LAS NEVERAS VACíAS
Desde hace unos días hemos podido observar cómo se ha puesto en marcha una campaña para recoger alimentos por parte de la organización FESBAL (Federación Española de Bancos de Alimentos). En cartelería callejera y pantallas de televisión Ana Rosa Quintana entre otros personajes nos dicen que “EL HAMBRE SIGUE AHí“ y nos piden colaborar con una imagen simbólica de una nevera vacía.
En la línea habitual de este tipo de organizaciones se habla del hambre y de una situación de riesgo en la vida de nuestros vecinos y vecinas como si fuese una fatalidad divina. No hay responsables más que la ira de dios justificada por nuestro pecados. Ninguna referencia a la responsabilidad del Estado de garantizar los derechos humanos en cuya redacción se habla del derecho a la vida y que las personas y organizaciones que están detrás de FESBAL solo lo invocan para coartar el derecho de la mujer a interrumpir su embarazo, y que sin embargo reconocen aquí, en los mismos carteles, que para vivir es necesario comer.
Tampoco veremos señalar con el dedo acusador a los grandes empresarios de este país que provocan cientos de miles de despidos, mientras las condiciones de trabajo de los que quedan son lamentables: salarios de miseria, horas extras no abonadas, vacaciones no disfrutadas, aumento de cargas de trabajo, ampliación de la edad de jubilación, etc. Si a ello sumamos las pensiones tan bajas que tenemos se nos presenta una situación en la que junto a la pobreza de los excluidos hay que añadir la de muchos trabajadores precarios que tampoco pueden llenar decentemente esa nevera que Ana Rosa nos enseña vacía. Una nevera que hace muchos años que no llenan, ni mucho menos, los millones de parados y paradas que tenemos.
Lejos de estas apreciaciones la responsabilidad volverá a caer en todos nosotros, en todas nosotras, como si fuésemos unos desalmados o gente sin corazón si no colaboramos con su campaña. Pero habrá que recordar algo que FESBAL sabe y oculta sibilina y convenientemente. La Federación está compuesta de fundaciones locales presididas por muchos socios supernumerarios del Opus Dei y otras personas relacionadas directa o indirectamente con esa organización que no tiene precisamente mucha sensibilidad con la pobreza. Carmen de Aguirre en Badajoz, Mariano Posadas y Jose María Zárate en Valladolid, Pedro Pereira en Vigo, Julián Becerro y Manuel Pérez Hernández en Las Palmas de Gran Canaria, Vicente López Alemany en Madrid, o el hasta hace poco presidente de la Federación Jose Antonio Busto Villa, son algunos ejemplos.
Por otra parte la forma en que estos miembros de uno de los sectores más ultraderechistas de la iglesia abordan la cuestión de la desigualdad social se puso de manifiesto en el artículo que el propio presidente de la Federación, al que acabamos de citar, escribió en el diario El Mundo el 10 de agosto de 2012 condenando la acción de los trabajadores del SAT ante los supermercados Carrefour y Mercadona, haciendo una defensa cerrada de estas y otras multinacionales como El Corte Inglés, y extendiendo la responsabilidad de las carencias alimenticias en nuestra sociedad a todos nosotros que “desperdiciamos los alimentos en los hogares“.
La forma en que FESBAL cumple así el trabajo sucio de lavar la cara a las élites que crean la miseria y pobreza pone de manifiesto su complicidad con los verdaderos responsables de que en este país estén vacías unas neveras que estos días nos muestran con gesto compungido en su propaganda.
No dudamos un ápice de la buena voluntad de la inmensa mayoría del voluntariado que entre hoy y mañana estará en los grandes almacenes recogiendo alimentos y que casi ninguna de ellas sabe que es el Opus Dei quien está detrás ya que este hecho es ocultado astutamente. Pero deben saber que esta no es la solución y que mientras no se vaya a la raíz de las causas que generan pobreza todo lo que se haga es poner parches a un problema que tendremos encima una y otra vez.
Solo la conciencia de clase trabajadora, la organización y la lucha subsiguiente contra quienes se quedan el producto de nuestro esfuerzo puede ser la salida digna a la pobreza provocada mientras vivimos rodeados de una naturaleza generosa y una sociedad rica en conocimientos técnicos.
Jon Álvarez Fernández
Strio. de Prensa